Alrededor de 80 personas (si el alcohol no nos hizo ver doble), fueron los pocos afortunados que disfrutaron del tremendo concierto que daba Supagroup el pasado día 17 en la Sala Gabanna de la capital conejera.
Y digo pocos porque no se llenó como cabía esperar. Porque el concierto del otro día habría que tildarlo de apoteósico y es uno de esos que de repetir no nos lo perderiamos por nada del mundo, pero seguimos con el mal vicio de esta isla, que provoca que mucha gente se quede en casa si no actua el grupo de su vida. ¿Precios altos? Mire usted (que diría aquel), 12 € a día de hoy no es nada y más tratandose de un grupo de este nivel. Que la cosa está floja lo sabemos todos, pero, ¿tanto?.
A lo que ibamos, el concierto lo arrancaron Seven Stars Riot Squad, el cada vez conocido trío de inglesitos, que como siempre nos deleitaron con su remesa de temas punk-rock, algunas de las canciones de su nuevo disco y como no las divertidas versiones que siempre ofrecen, como el medley de los Ramones al final del concierto que puso en el aire al respetable, preparando así el ambiente para la vorágine que vendría después.
PD Broca del Ocho mantuvo el calor en el ambiente mientras Supagroup se preparaba para subir a las tablas. Entre el público se propagaban las relaciones públicas entre los ganadores de las entradas que se sorteaban tanto en LanzaroteRock como en el Sancocho y los licores fluían, alimentando una euforía que no tardaría estallar.
Y vaya si estalló. Autentico trallazo el sonido de los de Nueva Orleans, si bien la acústica de la sala no es sobresaliente la potencia de este "supergrupo" se percibía directamente con las entrañas. Potencia y genuino rock and roll americano.
Se podría decir que supagroup suena a AC/DC y en parte es cierto, pero añadiéndole un puntito de rabia gutural al estilo Motorhëad que es lo que en ocasiones nos ponía la piel de gallina. Las inconfundibles vibraciones Marshall se adueñaron del personal hasta el punto de que más de uno se vió nadando sobre un mar de manos y sudor.
Un concierto Inolvidable y casi "familiar" ya que tratándose de un grupo de este calibre es una suerte poder verlos ahí cara a cara, con codo con codo, junto a unos pocos afortunados.
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