Llega a nuestras manos, calentito y recién salido de la caja el primer álbum de Motorower, otro producto con denominación de origen para los oídos más sibaritas. El álbum, llamado como el propio grupo ha sido grabado y editado en los Estudios Neptar de Arrecife.
Una punki despapampanante se contonea ante un montón de masculinas miradas boquiabiertas. Algo así nos cuenta Motorower en “la punki” el tema que abre el disco y cuyo título bien podría referirse a la canción, un trallazo de 2 minutos o a la protagonista de la misma. Acto seguido nos elevamos hacia el espacio con el juego de guitarras que abre la segunda pista. “La chica que sonrió a la luna” es una bonita canción y una de las mejores canciones a nivel compositivo de este álbum.
Seguimos escuchando y nos encontramos con dos temas cuyas letras fueron escritas por Jose María de Paíz que hace poco publicaba su primera novela “Un ángel en el barrio del norte”. Canciones de amor, o desamor, no se sabe a quién o a qué, pero que van impregnadas de esa desazón urbana tan característica en los escritos del joven lanzaroteño. El baile sensual de voces y melódicas guitarras viene como anillo al dedo a las letras y no es difícil adaptar las sensaciones que transmiten los temas a vivencias propias del oyente.
Antes de que se nos salte la lagrimilla, la pista número 5 del disco nos pone en pie para gritarnos basta. “Déjame” es una de las canciones más cañeras del disco y nos incita a escapar del ahogo de las anteriores, tomando las riendas y mirando hacia delante. Esta canción es una de las que ya aparecía en la maqueta anterior al disco y que se convirtió en video-single.
“No más preguntas, está todo aclarado, soy inmune, he sido vacunado, déjame.”
Según va avanzando el disco vamos descubriendo la identidad musical de Motorower y se va desvelando un estilo característico, mezcla de stoner rock y grunge, con un toque garajero suavizado con melodías pop, que nos transporta a ese mundo que la banda inventa a base de melodías a veces dulces, a veces amargas, que podríamos catalogar casi de cinematográfico pues al cabo de dos escuchas uno ya es capaz de asociar imágenes mentales a la música.
En el track 9 nos encontramos con “Mi pequeño Frankenstein”, que casi se podría considerar un clásico pues es otro de los temas que ya aparecía en la maqueta previa a la edición de este disco. Le sigue “100 barriles” un tema instrumental que nos recuerda a la prehistoria de la banda cuando todavía eran Cerveza y Circo.
El disco lo cierran “Matando al ángel”, otra letra de Jose María de Páiz cuyo título nos deja entrever una referencia a su novela y “Vacío”, otro de esos temas de temática pesimista que abundan en el álbum, pero que son ofrecidos de tal manera que uno acaba la escucha con un buen sabor de boca.
Producción impecable, de las mejores que hemos escuchado en lo que a discos de rock grabados en Lanzarote se refiere, corre de manos de Ane Fernández, de los Estudios Neptar que además se encargan de la edición del disco. El diseño del libreto basado en motocicletas (motorower, en polaco) es obra de Gerson Díaz al que conocerán en su faceta de disk jockey como Yonky Beat.
Chapeau para un grupo cuyo destino desconocemos. Sus componentes se encuentran repartidos por el mundo. ¿En busca de inspiración quizás? Esperaremos con este disco en los oídos.
No hay comentarios aún. Puedes ser el primero en escribir uno.
Escribir comentario Solo los usuarios registrados e identificados pueden dejar comentarios.